La muerte del Socialismo del siglo XXI

La crisis que atraviesa la economía venezolana parece evidente, no sólo para los analistas más capaces sino para cualquier observador de la vida diaria, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Pero el problema parece ser que los únicos que no logran ver la realidad son los miembros de la jerarquía de la “Revolución Bolivariana”, así como sus acólitos y aliados (en muchos casos beneficiarios) internacionales. No los culpemos simplemente atraviesan por una de las cinco etapas del duelo: la negación; los psicólogos nos dicen que todo el que atraviesa un duelo pasa por cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y por último la aceptación. Es que estamos ante un verdadero occiso, ha muerto el socialismo del siglo XXI, nombre con el cual el difunto presidente Hugo Chávez bautizó al sistema político, económico y social que impera en Venezuela y que pretendió extender por todo el continente americano e incluso más allá del Atlántico.

La negación del gobierno y sus acólitos  se manifiesta en su resistencia a aceptar  las verdaderas causas de la severa crisis de que vive la economía venezolana, Para Maduro, Diosdado y los ministros es mucho más fácil argumentar una serie de teorías conspiratorias donde culpan a casi todo ser del planeta tierra (lo único que ha faltado es que se culpe a los extraterrestres del deterioro de la economía) que aceptar una realidad. El sistema implantado en Venezuela ha caducado, y ya no se sostiene por sí mismo. Para el Gobierno, culpar  a la guerra económica, al imperio, la UE, a los empresarios (los pocos que quedan), a Moisés Naím y pare usted de contar, no solo es una forma de no  tomar la responsabilidad que les toca como Estado, sino la resistencia a pensar que el modelo económico que intentaron vender como uno de los más avanzados del mundo ya está en Terapia intensiva.

No hay que hacer un análisis a nivel de posgrado de economía para advertir por qué se llegó  a esta penosa situación. Durante 15 años este país vivió una bonanza petrolera que trajo los mayores ingresos en la historia moderna del este país caribeño, pero en lugar de aprovecharla e invertirla en la creación de un modelo sustentable de desarrollo y prosperidad para los venezolanos; lo despilfarraron en clientelismo, populismo y corrupción.

El modelo “Bolivariano” no difirió mucho del rentismo clásico, aplicado en Venezuela desde inicios de la explotación petrolera en 1.914. Pero la construcción del Socialismo trajo consigo una variante que agravó la dependencia de la economía al crudo. Durante el período 20003-2010 de aumento constante de los precios del petróleo, el gobierno de Chávez se dedicó a expropiar  empresas, bancos, industrias; si dejaban de producir o la nueva administración generaba déficit, no había problema se financiaba con los ingresos petroleros que parecían no tendrían límites en su crecimiento anual.

A la vorágine  socialista no le bastó con los ingentes recursos que generaban los hidrocarburos. Para poder sostener las dadivas arrojadas al pueblo para seguir cosechado triunfos electorales, y la corrupción que le garantizaba el apoyo de las Fuerzas Armadas y las facilidades al empresariado de nuevo cuño que se erigió como parasito del Estado (la Boliburguesía); fue necesario acudir al endeudamiento. En aquél momento parecía una excelente idea, se gastaba mucho más que lo que ingresaba pero al año siguiente aumentaban la renta (basado en los precios del crudo) y se podía pagar deuda e incrementar nuevamente el gasto.

Si una persona normal gasta 120 por cada 100 que gana es lógico que terminará endeudado y sin ahorros de ningún tipo. Por eso, un país con un déficit fiscal del 20% ha terminado aumentando su deuda a niveles records y con unas reservas internacionales por el suelo. Claro es más fácil culpar al capitalismo y a una conspiración internacional para que la deuda venezolana pese cada día más en el presupuesto nacional.

El modelo anacrónico, obsoleto y añejado que dieron por llamar Socialismo del siglo XXI murió por una sencilla razón, no es capaz de sostenerse por sí mismo, de generar riquezas de producir bienes y servicios que satisfagan las necesidades de los ciudadanos. Vivió artificialmente una época de gloria por un hecho totalmente aislado del sistema que se nos impuso, el aumento sostenido por muchos años de los precios del petróleo. El modelo no creaba riqueza, simplemente sacaba un recurso que la naturaleza colocó en el subsuelo (el crudo) y con el dinero que obtenía de su venta financiaba todos sus gastos. Para su suerte por mucho tiempo el precio del oro negro se mantuvo elevado. Lo ocurrido en Venezuela es como el que se gana la lotería del Niño, y se lo gasta todo en casas, carros, ropa viajes pero no es capaz de montar una empresa para que al acabarse el dinero vivir de algo; así de irresponsable fue el gobierno “Bolivariano”.

Pero el modelo fue aún más lejos, porque en  su afán de imponer controles en toda la economía, estatizar prácticamente todo, destruyó las pocas fuentes creadoras de riqueza que tenía el país, distintas a de PDVSA (petrolera estatal). Al bajar el precio del petróleo se acabó el Niño, y el sistema se mostró tal y como es, absolutamente incapaz de generar algún tipo de bienestar para el pueblo.

El modeló murió, pero los personeros del gobierno siguen en negación, en parte artificial, por no querer aceptar que fueron sus políticas las que llevaron a Venezuela a donde está, y en parte genuina, de quien no termina de comprender que no es el imperio, la guerra económica o los extraterrestres sino un sistema putrefacto el que no funciona.

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