Internacional 

Victoria conservadora y auge de la ultraderecha en Austria

Austria ha dado un giro hoy a la derecha en las elecciones generales anticipadas celebradas a este domingo, en las que se abrió la puerta a una coalición entre el Partido Popular (ÖVP) y el ultraderechista FPÖ, una alianza tabú que daría lugar a una situación tan incómoda para la Unión Europea como la creada en 2000 por el entonces canciller, Wolfgang Schüssel, y Jörg Haider, fallecido en accidente de tráfico en 2008.

Tal y como auguraban las encuestas, el ÖVP, con el jovencísimo Sebastian Kurz a la cabeza, logró un 31,7%, a falta del recuento del voto por correo, que se realizará el lunes. El FPÖ de Heinz Christian Strache recabó un 26%, mientras que el Partido Socialdemócrata (SPÖ) del canciller Christian Kern obtuvo un 26,9% del escrutinio. Kurz, de 31 años y ministro de Exteriores en una legislatura que acabó antes de lo previsto por la crisis de Gobierno que él mismo precipitó, se convertirá por tanto en el canciller más joven de Europa. Con su victoria, Kurz consuma el asalto del ÖVP al poder, su ambición como político y la maleabilidad de un electorado tan obligado a nadar en las aguas del populismo que finalmente acabó por interiorizar la creencia de que su identidad y bienestar depende de los migrantes que llegan (o atraviesan) a la república alpina.

«El 15 de octubre es nuestra oportunidad de cambio», repitió Kurz durante una campaña especialmente sucia, con muchos golpes bajos, acusaciones de espionaje entre los principales contrincantes, difamación y presuntos intentos de soborno. Un ‘thriller’ político entremezclado con promesas antiinmigración y aires de xenofobia.

«Acabaré con el expolio de la inmigración a nuestro sistema social», decía Kurz sin pudor en los mítines, donde era aclamado como una estrella de rock. «Sellaremos nuestras fronteras y recortaremos las ayudas a nivel cero. No vamos a gastar cientos de millones de euros en ayudas para terceros que terminan en otros países», clamaba el joven halcón desde tribunas iluminadas con luces de neón. No necesitaba teloneros.

En su tarjeta de visita aparecen entre sus principales logros en la coalición de Gobierno con el SPÖ: el cierre de la ruta de los Balcanes para los refugiados (algo de lo que se vanagloria especialmente), el ataque frontal a la política humanitaria de su poderosa vecina, la canciller Angela Merkel, y la prohibición del velo integral para las musulmanas. Para los analistas, el éxito de Kurz es que se ha presentado como una versión descafeinada del FPÖ. En vez de combatir el populismo ha utilizado sus herramientas. En los debates televisados, Kurz y el líder del FPÖ compitieron por la relación con el polémico e igualmente islamófobo primer ministro húngaro Viktor Orban. Ambos coincidieron en que son los austriacos y no los traficantes de personas quienes deben decir quién entra, atraviesa y se queda a vivir en Austria. Ambos consideran que el sistema de ayudas no debe sobrecargarse admitiendo migrantes que no dan y sólo «se llevan». Con un PIB per cápita de 39.970 euros y una tasa de paro del 5,4%, Austria se cuenta entre los 20 países más ricos del mundo.Tanta similitud ha habido entre los pronunciamientos de Kurz y de Strache que éste último le ha acusado de copiar su programa. La sinergia entre el líder ultraderechista y el aprendiz aventajado de los democristianos permitió al ‘lobo Strache’ el lujo de moderar su discurso y cultivar una imagen de hombre de Estado. Y puede que no anduviera descaminado. Los austriacos quieren algo nuevo y Kurz no parece tener reparos en una coalición con el FPÖ, que hasta el asalto de Kurz a la cúpula del ÖVP encabezaba las encuestas.
«No queremos el FPÖ, queremos a sus votantes», ha dicho Kurz abiertamente. Los escándalos en el SPÖ, acusado de espiar al socio de coalición e intento de soborno, no ayudaron a nivelar la balanza con un programa electoral al uso de la socialdemocracia y pese a los intentos del canciller Kern de distanciarse de los tejemanejes de su asesor de campaña, Tal Silbestein, detenido en Israel a mediados de agosto.

Entre tanta basura electoral, la gran coalición entre ÖVP y SPÖ, partidos que han dominado la escena política austriaca desde 1945, fue perdiendo apoyo de la población, cansada de las peleas entre los socios de Gobierno y de una política casi endogámica. Pero nadie descarta por completo que se reedite la gran coalición. Y la razón está en las entrañas de la propia sociedad austriaca, asentada desde la posguerra en un entramado de clubes, organizaciones asociaciones, como se las quiera llamar. Están en todo el país, las hay para todos los gustos, estamentos, profesiones y escala social. La vinculación de esas «sociedades» con los partidos es tan estrecha y clara que sin la afiliación política adecuada no se trepa en el sistema. Eso explica que los partidos en Austria tengan unos índices de afiliación envidiables en Europa.
El ÖVP, con sus «asociaciones» correspondientes, cuenta con medio millón de afiliados, más que la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel en toda Alemania. También el SPÖ tiene más miembros que el Partido Socialdemócrata alemán (SPD). De no reeditarse la gran coalición, la red de tuberías que reparten savia a la sociedad austriaca, podrían atascarse por resistencia y experimentar una pequeña sacudida. A los comicios celebrados de hoy, concurrieron 16 formaciones, de las que únicamente seis tenían posibilidades de superar la barrera del 4% de los votos que marca la ley electoral. Además de VPÖ, SPÖ y FPÖ contarán con representación parlamentaria, Los Verdes, el Partido liberal NEOS y la Lista de Peter Pilz, un antiguo dirigente de los Verdes.

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